La leyenda del niño del cuarto piso

¿Alguna vez te has preguntado cómo reaccionarías si fueras un testigo que pudiera asegurar la existencia de lo que se considera como una leyenda? A veces las imaginamos como algo de pasado, de vestidos infinitos y caballeros engalanados, pero no tiene por qué ser así. En Aguascalientes, por ejemplo, circula esta leyenda que es contemporánea a nuestros tiempos. La disfruté en gran forma cuando la leí, por lo que quiero compartirla con ustedes.

El relato empieza con un edificio de oficinistas en la calle López Mateos. Cada piso tenía diferentes empresas dentro de sí, y a pesar de ser de varias plantas, sólo las primeras 3 estaban ocupadas. Una de las empresas que se ubicaba ahí salía un poco más tarde de lo habitual. De este lugar, una linda joven salió con rumbo a su casa en una noche convencional, encontrando a un hombre en su camino. Nada parecía extraño y entraron al elevador sin mayores novedades. Programaron su descenso, hasta que se dieron cuenta que el ascensor estaba yendo en la dirección contraria, pues iba hacia arriba, no hacia abajo. Preocupados, no supieron qué pensar, pues el elevador no estaba programado para subir a los pisos clausurados.

El miedo desbordaba por los cuerpos de ambas personas. No sabían qué esperar cuando se abriera la puerta, o por qué habían sido llevados a ese lugar. El sonido de llegada indicó que el elevador se había detenido y, cuando comenzó a abrirse, la respiración de los dos se suspendió momentáneamente, al escuchar las risas de un pequeño, que parecía correr detrás de una pelota. Un grito quedó ahogado en sus gargantas, pues las puertas del elevador se cerraron antes de que pudieran sacarlo. Ya en la recepción del edificio, dijeron a un guardia lo que habían visto, y éste comprendió lo que pasaba. Les explicó que hace varios años, un niño había fallecido cuando espantó a un policía quien le disparó cuando entró al edificio creyendo ir tras un ladrón.

Es por eso que el niño sigue jugando en el cuarto piso, sin darse cuenta de lo sucedido, pero feliz de que no interrumpan su juego con la pelota. Quienes se quedan en horas nocturnas lo han escuchado constantemente, pero quienes han tenido mala suerte, y entran al elevador, y éste se abre en la cuarta planta, han visto la pelota botar, con algunas marcas de sangre en ella. Por suerte, nadie se ha quedado el tiempo suficiente para ver llegar al niño, pues saben que, detrás de una pelota, siempre habrá un niño queriéndola atrapar.

En Aguascalientes las leyendas pululan como palomas en un parque. La época en que se desarrollaron varía de una historia a otra, pero todas son igual de intensas en los sentimientos de quienes protagonizan la narración. Sean verdaderas, o resultado de la combinación de muchos factores de ficción, son un buen motivo para reservar uno de los hoteles en Aguascalientes y lanzarse a vivir las noches de leyenda que ofrecen a los visitantes que desean conocer más de este aspecto de la ciudad.