El peor de mis viajes en carretera en familia

El peor de mis viajes en carretera en familia

Hace algunos años, mi familia decidió emprender el último de los viajes que haríamos en carretera. Decidieron que sería una buena idea ir a República Dominicana y, aunque lo pasamos bien ahí, el camino de vuelta fue una pesadilla. Para empezar, íbamos a tomar un avión, y el avión se descompuso, por lo que tuvimos que esperar una hora en lo que cambiaban lo que tenía que cambiar, ya que no había piezas disponibles.

Luego, se soltó una gran tormenta eléctrica, por lo que no pudimos hacer más que esperar otras dos horas, con lo que perdimos el avión que nos llevaría de vuelta a casa. Llegamos a la siguiente escala y nos dijeron que el vuelo que les quedaba era hasta 8 horas después. Para ese momento, ya habíamos esperado 16 horas y como el aeropuerto donde estábamos esperando estaba siendo arreglado, decidimos no pasar ahí la noche. Así, pensamos que llegaríamos más rápido si rentábamos un auto y manejábamos hacia nuestra casa. Serían unas 5 o 6 horas, pero era mucho más rápido que esperar de 8 a 10 horas el avión. Mi madre no estaba de acuerdo, pero como nos ofrecieron un buen descuento por un auto bastante cómodo, terminó aceptando.

El auto terminó siendo lo peor que he conducido en toda mi vida y lo que más me ha asustado. Para empezar, una de las llantas temblaba mucho mientras avanzabas a velocidades rápidas, por lo que no sabías si estaba bien alineada o a punto de salir. Era tarde y quería llegar a casa lo antes posible, como a las 2 am, si era posible. La cosa es que sólo estaba despierto por bebidas energéticas, y aceleré a 150 km/h más o menos. La velocidad y la música alta me mantenían alertas. Quizá debí haber parado, pero el nerviosismo de mi madre y la adrenalina me hicieron querer seguir.

Usualmente, si pasas por un radar de velocidad, suelen tolerar que vayas hasta los 130, o algo así, o quizá no te atrapen siquiera, pero esa noche no tuve suerte y me atraparon a 140 en una de 110. Afortunadamente, mi padrastro había trabajado como controlador de tráfico aéreo y ayudó a algún policía en su tiempo con ciertos vuelos, por lo que pudo usar sus influencias para que no me levantaran ninguna multa. El chiste es que seguimos, mucho más despacio.

El chiste es que terminamos llegando a nuestro hogar hasta las 6 de la mañana y sin ningún rasguño. Nadie me dio las gracias por haberlos llevado a casa, pero ciertamente, mi madre no dejaba de decir que debía dar las gracias a mi padrastro por sacarme de aquel apuro. Le dije que ya lo había hecho, pero siguió insistiendo. La verdad, ella nunca me agradeció ni pidió disculpas por haber sido tan molestosa durante el viaje. Supongo que es lo que me gano por haberlos ayudado, pero no hay nada que hacer.

Honestamente, casi preferiría que me hubieran multado antes de que mi madre me siguiera molestando con eso porque, aunque han pasado como 2 años, me sigue reclamando que le agradezca a mi padrastro. ¿Lo pueden creer? Porque, ciertamente, yo no. Y menos después de tanto tiempo.

Al final, casi hubiera quedado mejor pasar la noche en algún hotel barato y esperar el siguiente avión, pero bueno, a veces así pasan las cosas. En conclusión, si planean viajes en carretera, no los hagan con su familia, y mucho menos con sus madres, pues se pueden arrepentir de lo que les pase en el camino, o de lo que les pase cuando quieran volver a casa.